"Otro día más pasaba para él cuando el silbato pitaba anunciando el fin de la jornada de trabajo. Recogió sus instrumentos en una vieja y roída funda de cuero, que antaño perteneció a su padre, y antes a su abuelo. Todos se habían dedicado a lo mismo, al trabajo en el campo, con la tierra y el Sol como enemigas, el polvo y el agua como compañeras. Los artilugios que empleaba estaban la mayoría oxidados, una capa anaranjada recubría las ya poco afiladas hojas de los cuchillos, azadillas y hacha que empleaba en sus labores.
Con el Sol poniéndose a su espalda, ya cuando la primera estrella asomaba por encima de las despuntadas refileras rocosas de montañas que poco a poco iban oscureciéndose, volvía taciturno y huraño a lo que él había llamado hogar.
Su vieja y destartalada casa comprada hacía poco. Al lado de la carretera. A las afueras del pueblo. Próxima al pantano que bordeaba las mugrientas casas de los habitantes que allí vivían.
Una vez en su casa, dejó el fajín de trabajo y las herramientas encima de la mesa más cercana a la puerta. Y de la funda sacó el hacha y lo clavó con fuerza en una de las desgastadas paredes de madera. Desgastada de todos los días, todos cuando clavaba el hacha en la misma pared: una y otra y otra vez. Se colocaba frente a ella y atacaba parsimoniosamente la madera resquebrajada. Las astillas saltaban cada vez en pedazos más pequeños.
Cuando la noche se hacía en el exterior, paraba de lanzar golpes contra la frágil madera. Dejaba allí clavada el hacha y se acostaba. Por la mañana recogía el hacha antes de marcharse al trabajo para llevárselo y se pasaba allí todo el día hasta la hora del crepúsculo, cuando regresaba a casa y otro día más realizaba la misma rutina: golpear la pared con el hacha con el fin de hacerla añicos.
Un día, después de muchos años, no fue a trabajar. No se le vio en semanas y no se supo de él hasta que encontraron su cuerpo frente a la pared destrozada, con la herida de un hachazo en la cabeza y la sangre empapando su rostro y cuerpo. Se contó que se había suicidado y nunca más se habló de aquel hombre. Pero como nunca se habló de él tampoco se habló de lo que aquel día la policía encontró en la casa...
La pared rota a causa de los continuos hachazos propinados por el hombre ocultaba otro cadáver que se encontraba ahorcado al otro lado. Alguien intentó ocultarlo colocando una nueva pared y dejando allí el cuerpo descomponerse. Cuando el hombre comenzó a vivir días después de la creación del nuevo panel, una madrugada cogió el hacha y empezó a clavarlo contra la madera. A la mañana siguiente vio las marcas en la pared y no hizo caso, pero cuando llegó del trabajo inconscientemente cogió el hacha y realizó la misma acción, y así durante largo tiempo, hasta que descubrió el cuerpo ocultado en la pared.
Dicen que al ver su cadáver putrefacto, lleno de gusanos, con la pálida y seca lengua fuera de la boca, la soga describiendo unos feos pliegues sobre su carne translucida y casi inexistente, las cuencas de los ojos semivacías y los hachazos que había recibido al traspasar la madera haciendole romper los huesos, los tejidos, músculos, la carne que hubo en un principio, manchándolo todo, le hizo volverse loco. La imagen se le quedó clavada en la retina y por eso se suicidó. Eso cuentan algunos.
Pero la policía tampoco reveló que el hacha no estaba clavada en la cabeza del hombre, sino fuertemente agarrada por la mano del ahorcado."
Como ya le dije en su momento, mi cuento favorito. Muy del estilo de Edgar Allan Poe al que le recomiendo que lea cuando disponga de tiempo y vera a que me refiero. Sobretodo el cuento " El gato negro", ya que tiene alguna similitud. Aun que mi favorito (y el mas perturbador para mi gusto) es "Berenice"
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