jueves, 31 de octubre de 2013

Cuentos cortos (4)

"Otro día más pasaba para él cuando el silbato pitaba anunciando el fin de la jornada de trabajo. Recogió sus instrumentos en una vieja y roída funda de cuero, que antaño perteneció a su padre, y antes a su abuelo. Todos se habían dedicado a lo mismo, al trabajo en el campo, con la tierra y el Sol como enemigas, el polvo y el agua como compañeras. Los artilugios que empleaba estaban la mayoría oxidados, una capa anaranjada recubría las ya poco afiladas hojas de los cuchillos, azadillas y hacha que empleaba en sus labores.
Con el Sol poniéndose a su espalda, ya cuando la primera estrella asomaba por encima de las despuntadas refileras rocosas de montañas que poco a poco iban oscureciéndose, volvía taciturno y huraño a lo que él había llamado hogar.
Su vieja y destartalada casa comprada hacía poco. Al lado de la carretera. A las afueras del pueblo. Próxima al pantano que bordeaba las mugrientas casas de los habitantes que allí vivían.
Una vez en su casa, dejó el fajín de trabajo y las herramientas encima de la mesa más cercana a la puerta. Y de la funda sacó el hacha y lo clavó con fuerza en una de las desgastadas paredes de madera. Desgastada de todos los días, todos cuando clavaba el hacha en la misma pared: una y otra y otra vez. Se colocaba frente a ella y atacaba parsimoniosamente la madera resquebrajada. Las astillas saltaban cada vez en pedazos más pequeños.
Cuando la noche se hacía en el exterior, paraba de lanzar golpes contra la frágil madera. Dejaba allí clavada el hacha y se acostaba. Por la mañana recogía el hacha antes de marcharse al trabajo para llevárselo y se pasaba allí todo el día hasta la hora del crepúsculo, cuando regresaba a casa y otro día más realizaba la misma rutina: golpear la pared con el hacha con el fin de hacerla añicos.
Un día, después de muchos años, no fue a trabajar. No se le vio en semanas y no se supo de él hasta que encontraron su cuerpo frente a la pared destrozada, con la herida de un hachazo en la cabeza y la sangre empapando su rostro y cuerpo. Se contó que se había suicidado y nunca más se habló de aquel hombre. Pero como nunca se habló de él tampoco se habló de lo que aquel día la policía encontró en la casa...
La pared rota a causa de los continuos hachazos propinados por el hombre ocultaba otro cadáver que se encontraba ahorcado al otro lado. Alguien intentó ocultarlo colocando una nueva pared y dejando allí el cuerpo descomponerse. Cuando el hombre comenzó a vivir días después de la creación del nuevo panel, una madrugada cogió el hacha y empezó a clavarlo contra la madera. A la mañana siguiente vio las marcas en la pared y no hizo caso, pero cuando llegó del trabajo inconscientemente cogió el hacha y realizó la misma acción, y así durante largo tiempo, hasta que descubrió el cuerpo ocultado en la pared.
Dicen que al ver su cadáver putrefacto, lleno de gusanos, con la pálida y seca lengua fuera de la boca, la soga describiendo unos feos pliegues sobre su carne translucida y casi inexistente, las cuencas de los ojos semivacías y los hachazos que había recibido al traspasar la madera haciendole romper los huesos, los tejidos, músculos, la carne que hubo en un principio, manchándolo todo, le hizo volverse loco. La imagen se le quedó clavada en la retina y por eso se suicidó. Eso cuentan algunos.
Pero la policía tampoco reveló que el hacha no estaba clavada en la cabeza del hombre, sino fuertemente agarrada por la mano del ahorcado."

martes, 29 de octubre de 2013

Cuentos cortos (3.3)

"Y allí le vio. Tumbado en la cama. Con los ojos cerrados, como un muñeco que por inercia al acostarlo, los párpados caen. Respirando con dificultad, mientras una máquina respondía con él a sus pobres intentos de mantenerse vivo. Los pitidos del aparato eran molestos, junto con los quejidos de las válvulas que proporcionaban el oxígeno que su amigo necesitaba para seguir adelante en aquel mundo que le había causado tanto dolor. Ambos sonidos eran molestos. No reconfortaban a pesar de ser ellos los que  le ayudaban a respirar. Traían consigo un sonido cercano a la muerte. Pero ella se obligaba a no pensar en lo más terrible que podía suceder. Perderle.
Se acercó a la cama y se sentó a su lado. Ella sabía que no la escuchaba, pero en su interior quería pensar que sí, que él estaba consciente y ambos estaban juntos. Recordaba los momentos a su lado, las tardes en el parque, en su casa, en algún bar... Mientras lo hacía, dos gruesas lágrimas brotaron de sus ojos y cayeron a la cama, y estas fueron recogidas por la calidez de las sábanas del hospital.
Le sujetó la mano con fuerza para llevarla a sus labios y besarla. Pensó lo mucho que le quería y lo mucho que le dolería que se marchara. Lo injusta que era la vida por apartarle de su lado, por no dejarles más tiempo, por no dejarle vivir. 
Sintió el calor de su mano y se propuso seguir con él hasta el final.
Siempre." 

lunes, 28 de octubre de 2013

Cuentos cortos (3.2)

"Dejó caer el teléfono al suelo mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. La voz al otro lado del teléfono se perdió como los gritos se pierden en el viento. Gruesas gotas de dolor disfrazadas de lágrimas resbalaban de su cara y caían al suelo ligeras. Ignorante de su reacción apenas se movió durante varios minutos, la noticia la había dejado en shock, y no era capaz de asimilarla hasta que el teléfono volvió a sonar en el suelo, haciendo que la vibración contra la madera sonara de forma estrepitosa y obligándola a reaccionar. 
Pero ella abandonó el aparato allí en el suelo y se dirigió a vestirse rápidamente. Con la primera ropa que había encontrado, cogió las llaves de su casa y coche y salió a la gélida tarde en el exterior. 
El viaje en coche hasta el hospital no la hizo sentirse mejor, no la hizo despejarse porque el destino al que se dirigía no era idílico. Sabía con lo que podría encontrarse una vez allí. El dolor, aún más dolor. La tristeza, el arrepentimiento... Demasiados sentimientos presentes.
Cruzó con decisión, aunque todavía llorando, las puertas del centro y preguntó dónde se encontraba la habitación que buscaba. Una vez delante de ella, levantó la cabeza y se limpió las lágrimas por primera vez -las demás había dejado que corrieran por su rostro- y pudo ver con claridad los números 506 plateados en la puerta."

viernes, 25 de octubre de 2013

Cuentos cortos (3.1)

"Coqueta, con solo una toalla recubriendo su cuerpo. Así se sentía ella. El pelo rubio y liso cayendo por su espalda, la blanca toalla agarrada en su pecho con una mano, las piernas largas, pálidas y desnudas. Se miraba al espejo una y otra vez contemplando su belleza. Dejó caer con ligereza la toalla al suelo y vio su cuerpo reflejado en el espejo. Se ruborizaba siempre que lo hacía, le encantaba ser ella. Era plenamente feliz. Giró sobre sí misma y tornó el cuello hacia atrás a la vez que dirigía una mirada fiera al espejo y una sencilla sonrisa y se perdió en el sonido del agua al caer sobre la losa fría de la ducha. Apenas pudo escuchar el timbrazo del insistente teléfono. Sonaba y paraba, sonaba y volvía a parar... Pero ella ignoraba que lo hiciera, y durante largo rato estuvo metida entre las gotas de agua y el vapor cálido del cuarto de aseo, ajena a todo.
Pero cuando acabó saliendo, la insistencia del que al otro lado del teléfono llamaba era demasiada y le había dado igual que ella no lo cogiera las seis veces que llamó, porque a la séptima ella contestaría al teléfono."

miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuentos cortos (2.3)

"Y uno frente al otro. Los ojos directamente clavados en el contrario. El calor de la sala. El silencio entre ambos. Todo ello creando una atmósfera de sensualidad y puro frenesí que en breve se desataría en aquel lugar. Por las ventanas entraba la cálida luz del Sol, filtrándose por las pequeñas rendijas de las persianas bajadas. Daba intensidad a la escena pero a la vez, la llenaba de luces y sombras. Al espacio vacío entre sus dos cuerpos, tensos, deseosos de abalanzarse el uno sobre el otro: ni depredador, ni presa; ni fuerte, ni débil. Allí los dos estaban para desear al otro. 
El olor de él inundaba la habitación. Ese aroma, la hacía estremecerse. Solo pensar en tenerlo cerca...El calor fue recorriendo su cuerpo como una moto recorre las sinuosas curvas de una montaña. Se extendió por su cuerpo como el fuego se extiende por un bosque, arrasándolo todo a su paso, pero dejándola el deseo de tenerle entre sus brazos, entre sus piernas...
Llegaba el momento. Caminó hacia él sigilosa, sensual. Le tenía a solo unos pasos de distancia, cuando alargó el brazo para tocarle con la punta de sus dedos la cara. Fuerte, robusta. Acercó la otra mano para imitar el recorrido que había hecho antes, pero ya era demasiado tarde. 
La luz clara de la mañana había llenado el lugar, difuminando la escena, como una niebla que cubre con su manto y ciega, arrancándole de los brazos a aquel hombre misterioso. Solo cuando estaba realmente despierta, acariciaba la yema de sus dedos recordando la textura del rostro de ese hombre.
Y así, todos los días."

martes, 22 de octubre de 2013

Cuentos cortos (2.2)

"Giraba para meterse en el mismo restaurante inexistente en la realidad y se sentaba en una mesa próxima a la ventana. Le gustaba verle llegar y, cuando lo veía aparecer en la esquina, sus ojos volvían a encontrarse. Y cada noche experimentaba el placer de ver aquellos ojos que la cautivaban, cada noche la sensación de querer hacer las cosas mal, de equivocarse. En sus sueños, el único sitio en el que podía hacerlo y no arrepentirse, no. Sino que podía y deseaba más de lo que experimentaba. Quería equivocarse una y otra vez, sin importarle el error cometido, sin importarle nada. Solo ella, allí. Y él. 
Cuando entraba por la puerta, no dudaba ni un segundo. Él nunca paraba a su lado, sino que le dejaba el libro en la mesa y se marchaba al piso superior del restaurante. Ahora habían cambiado las tornas, ella mandaba, ella era la cazadora y él, pobre, su presa. Tenía la opción de marcharse o seguirle. Y ya que era su sueño... Al pasar por su lado, un aroma dulce y fuerte a la vez le había hechizado. Su olor, era tan real -y ella sabía que era real-. Siguió su olor hasta el piso de arriba, que se encontraría totalmente vacío si no fuera porque él estaba allí."

lunes, 21 de octubre de 2013

Cuentos cortos (2.1)

"Una noche más volvió a soñar con aquella figura. La figura de un hombre que se le acercaba por detrás y muy pegado a ella le seguía los pasos por las concurridas calles de su ciudad. Ella, como las otras noches, realizaba el rutinario recorrido desde su casa hasta la plaza donde allí cogía el metro, y una vez en el buscaba asiento entre los vagones repletos de personas sin nombre ni rostro. Sacaba el libro que nunca acertaba a comenzar y con la mirada perdida, ojeaba a los demás pasajeros hasta que sus ojos se encontraban con aquel desconocido. Una vez llegaba a su estación, viendo que aquel hombre todavía no había bajado, dejaba su libro en el asiento y se marchaba. Esa era su estrategia de siempre; ella sabía que en sus sueños las cosas podían pasar como ella deseaba, y deseaba que él la siguiera. Y como cada noche, lo hacía.


Se perdía entre la multitud, pero la figura del hombre iba tras ella, sin perderla de vista, como un depredador acecha a su presa. La mirada de él se clavaba en su pelo, en su nuca, en su espalda y bajaba a sus caderas. El puma que entre los árboles se relame dulcemente mientras piensa en abalanzarse encima del ciervo, tranquilo, sin saber que está siendo vigilado por un ser peligroso. Y así se veía él, y así quería ella que se viera." 

domingo, 20 de octubre de 2013

Cuentos cortos (1)

"Los recuerdos la golpearon con la misma fuerza que un martillo golpea un clavo para romper la madera: una y otra y otra vez cayeron de repente sobre ella; uno tras otro.
Se preguntó entonces qué pasaría tras rememorarlo todo de nuevo. Intentaba que lo ocurrido no le afectara demasiado, pero sin éxito sus ojos se llenaban de lágrimas mirando al pasado.
Apenas pasaron unos minutos después de leer el mensaje y ya se había derrumbado sobre su cama sin saber hacia dónde iría ahora. Dejaría el pasado atrás y todo lo que ello significaba, ya era el momento de olvidar la niñez y formar una vida nueva lejos de recuerdos amargos y sentimientos de culpabilidad.
Tan solo ahora deseaba ser feliz. Volar lejos de aquel lugar que la retenía, borrar todo lo que un día la hizo daño, paro quedarse con aquello que un día la hizo sonreír.
Creyó que lo merecía. Ambos lo merecían. Lo intentaron pero no funcionó, separados tendrían alguna posibilidad.
Pero siempre ha sabido que esto no terminaba aquí..."