martes, 22 de octubre de 2013

Cuentos cortos (2.2)

"Giraba para meterse en el mismo restaurante inexistente en la realidad y se sentaba en una mesa próxima a la ventana. Le gustaba verle llegar y, cuando lo veía aparecer en la esquina, sus ojos volvían a encontrarse. Y cada noche experimentaba el placer de ver aquellos ojos que la cautivaban, cada noche la sensación de querer hacer las cosas mal, de equivocarse. En sus sueños, el único sitio en el que podía hacerlo y no arrepentirse, no. Sino que podía y deseaba más de lo que experimentaba. Quería equivocarse una y otra vez, sin importarle el error cometido, sin importarle nada. Solo ella, allí. Y él. 
Cuando entraba por la puerta, no dudaba ni un segundo. Él nunca paraba a su lado, sino que le dejaba el libro en la mesa y se marchaba al piso superior del restaurante. Ahora habían cambiado las tornas, ella mandaba, ella era la cazadora y él, pobre, su presa. Tenía la opción de marcharse o seguirle. Y ya que era su sueño... Al pasar por su lado, un aroma dulce y fuerte a la vez le había hechizado. Su olor, era tan real -y ella sabía que era real-. Siguió su olor hasta el piso de arriba, que se encontraría totalmente vacío si no fuera porque él estaba allí."

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