"Dejó caer el teléfono al suelo mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. La voz al otro lado del teléfono se perdió como los gritos se pierden en el viento. Gruesas gotas de dolor disfrazadas de lágrimas resbalaban de su cara y caían al suelo ligeras. Ignorante de su reacción apenas se movió durante varios minutos, la noticia la había dejado en shock, y no era capaz de asimilarla hasta que el teléfono volvió a sonar en el suelo, haciendo que la vibración contra la madera sonara de forma estrepitosa y obligándola a reaccionar.
Pero ella abandonó el aparato allí en el suelo y se dirigió a vestirse rápidamente. Con la primera ropa que había encontrado, cogió las llaves de su casa y coche y salió a la gélida tarde en el exterior.
El viaje en coche hasta el hospital no la hizo sentirse mejor, no la hizo despejarse porque el destino al que se dirigía no era idílico. Sabía con lo que podría encontrarse una vez allí. El dolor, aún más dolor. La tristeza, el arrepentimiento... Demasiados sentimientos presentes.
Cruzó con decisión, aunque todavía llorando, las puertas del centro y preguntó dónde se encontraba la habitación que buscaba. Una vez delante de ella, levantó la cabeza y se limpió las lágrimas por primera vez -las demás había dejado que corrieran por su rostro- y pudo ver con claridad los números 506 plateados en la puerta."
No hay comentarios:
Publicar un comentario