martes, 29 de octubre de 2013

Cuentos cortos (3.3)

"Y allí le vio. Tumbado en la cama. Con los ojos cerrados, como un muñeco que por inercia al acostarlo, los párpados caen. Respirando con dificultad, mientras una máquina respondía con él a sus pobres intentos de mantenerse vivo. Los pitidos del aparato eran molestos, junto con los quejidos de las válvulas que proporcionaban el oxígeno que su amigo necesitaba para seguir adelante en aquel mundo que le había causado tanto dolor. Ambos sonidos eran molestos. No reconfortaban a pesar de ser ellos los que  le ayudaban a respirar. Traían consigo un sonido cercano a la muerte. Pero ella se obligaba a no pensar en lo más terrible que podía suceder. Perderle.
Se acercó a la cama y se sentó a su lado. Ella sabía que no la escuchaba, pero en su interior quería pensar que sí, que él estaba consciente y ambos estaban juntos. Recordaba los momentos a su lado, las tardes en el parque, en su casa, en algún bar... Mientras lo hacía, dos gruesas lágrimas brotaron de sus ojos y cayeron a la cama, y estas fueron recogidas por la calidez de las sábanas del hospital.
Le sujetó la mano con fuerza para llevarla a sus labios y besarla. Pensó lo mucho que le quería y lo mucho que le dolería que se marchara. Lo injusta que era la vida por apartarle de su lado, por no dejarles más tiempo, por no dejarle vivir. 
Sintió el calor de su mano y se propuso seguir con él hasta el final.
Siempre." 

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