jueves, 31 de diciembre de 2015

*Recuerdos*

***


La habían vestido esa noche con un vestido de terciopelo verde oscuro con el que ella se sentía incómoda. No le gustaba llevar vestidos, ni leotardos porque picaban. Tampoco le gustaba llevar cosas en el pelo, y aquel día la habían peinado y atado un lazo de cuadros que combinaba el color del vestido con tonos rojos. 
- ¡No está recto! -gritó la niña a su madre señalándose el lazo-. No está fuerte. Se me va a caer.
- Sí lo está. No te lo toques -le advirtió su madre.
- ¡Mira, mira, mira...! 
La niña comenzó a tirarse del pelo para hacerle ver a su madre que no tenía razón y que el lazo estaba mal colocado y flojo.
- ¡Ves! -gritó la niña casi al borde de la histeria con lágrimas en los ojos al ver que el peinado no estaba lo suficientemente bien hecho para ella.
Su madre trató de respirar y tranquilizarse, pero pensó que siempre tenía el mismo problema con el pelo de su hija, así que fue hacia ella con paso decidido y le pegó un azote en el culo que la hizo derramar las lágrimas que ya tenía en los ojos, pero no lloró más por orgullo.
Volvió a hacerle el peinado, esta vez atándole el lazo bien fuerte para que la niña no se quejara. Y no lo hizo. 
Cuando acabó, dejó a su hija que se mirara en el espejo del cuarto de baño al que solo podía llegar si se subía en la tapa de la taza del váter. Veía su reflejo entre las lágrimas que se enjugó en la manga de su vestido de terciopelo.
No estaba como ella quería, pero no podía decir nada más, por lo que puso la cara más larga que pudo, aún con lágrimas en los ojos, y se dirigió al salón a esperar.

***

martes, 29 de diciembre de 2015

2015

A día 29 de diciembre estoy deseando que se acabe ya este año. ¿Por qué? ¿Por qué quiero que se acabe 2015 si ha sido con diferencia un año increíble e inolvidable? La verdad es que no tengo ni idea.
Pensaba que 2015 no iba a poder superar a 2014, que fue un año bastante bueno, pero éste... 

¡Éste ha sido tremendo!

- Para empezar, haber terminado 2do de carrera con tan buenas notas, habiendo conocido a una persona súper interesante y con unas amigas que supieron que hacer muñequitos con "hama beads" de IKEA iba a ser un regalo que me iba a encantar.

- Le sigue haber ido por primera vez en mi vida a un campamento. Eso que suelen hacer los niños cuando son pequeños: conocer a otros niños, dormir fuera, hacer excursiones y actividades... Lo he hecho yo con 20 años. ¡Y a mucha honra! ¡Vaya rutas, vaya niños y vaya gente especial que me llevo de allí! ¡Vaya experiencia!

- En 2014 fuimos a Londres. En 2015 a Granada y a Benidorm. En el segundo hay la misma cantidad de ingleses en un sitio que en otro. Aunque aquí hay más sol y eso se agradece, pero no hay mucho más. Solo el haber podido conocer por fin a una persona importante desde hace muchos años. Por fin lo conseguimos.

- Coger la bici con ganas y liarme a dar pedales hasta no ver un mañana; para despejarme, para superarme día a día, para sentirme feliz. Alcanzar un reto propuesto, conseguirlo y enorgullecerme por haber logrado aquello que me dijeron que no podía hacer. #YOMONTOENBICI

- Que bonito fue pasar unos pocos días con mis amigos en Burgos jugando a UNO, bañándonos en agua congelada, pasando un frío del copón por las noches y haciendo comida para 15 aún siendo 5. Precioso Burgos, por cierto.

- Empezar 3ro de Criminología pensando que iba a ser sencillo...y no. Habiéndolas pasado canutas para aprobar una asignatura, para mí, sin sentido. Y todavía sin poder disfrutar de las vacaciones porque hay que seguir estudiando.

- Compaginar clases y taekwondo nunca me resultó tan fácil y agradable. Y haber conseguido el 2º DAN después de haber invertido tanto tiempo en sacarlo... Solo puedo cerrar los ojos y disfrutarlo. 



A simple vista parece un año insulso, casi sin movimiento ni con grandes acontecimientos... Pero detrás de esta historia se encuentran otras muchas que enlazan unas con otras. Y también hay muchas personas que me dejo en el tintero pero con las que he compartido cosas importantes y que significan mucho para mí; prefiero guardarme esos momentos.

De este año me llevo todo lo que he aprendido, tanto de otras personas como de mí misma. He sabido tomar decisiones, he disfrutado con la gente que me rodea y me llevo algo único de todos ellos. 
Y lo único que me dejo atrás es el apéndice que me quitaron en marzo. CUIDADO CON LA HIPNOSIS.

Año 2016... lo tienes difícil.

¡Feliz Año!

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Por qué te ríes?

El agua que cae, que resbala por nosotros. Cada gota que cubre tu rostro, tu cuerpo; cada mínima parte de tu cuerpo, que se une con el mío. Solo somos eso: dos personas desnudas bajo un millón de gotas que nos bañan por igual. 
Solo besos, caricias y agua.
Cierras los ojos, y yo contigo, cuando me tocas, cuando las palmas de tus manos cubren por completo mi espalda, mis brazos, mis muslos, mis glúteos... Y yo te abrazo mientras rozo con mis labios los tuyos, y luego tus mejillas, tu mentón, tu cuello... Porque me gusta cada parte de ti que es impregnada por este líquido envolvente.

Y, de pronto, aparece una sonrisa en mi rostro y tú me preguntas: "¿Por qué te ríes?". Y yo solo pienso: "Porque me hace feliz".

Me hace feliz verme así contigo, y quiero disfrutar cada momento juntos por si no vuelve a repetirse. Por eso te abrazo tanto, por eso te beso más... 

Por si es el final.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Tus sábanas blancas

"No quiero salir. Hace frío fuera de la cama. Todo está frío: la habitación, el resto de la casa, el exterior... Se está tan a gusto aquí dentro". 
No había nada que hacer, solamente quedarse metido dentro de la cama, era lo único que quería. Taparse con las sábanas que ya estaban calientes de haber guardado la temperatura durante toda la noche. 
"Exponerme y salir... ¡puff! ¿Quién quiere eso?"
Cogió el borde de las sábanas y se tapó por encima de la cabeza. Bajo ellas, la luz que iluminaba la habitación encendía el blanco de la tela y allí pudo verla perfectamente dormida a su lado. Con su mano izquierda bajo la almohada y su brazo derecho estirado a lo largo de su cuerpo, los ojos cerrados, la boca entre abierta respirando con suavidad, la cara relajada... 
Él giró sobre sí mismo para mirarla de frente y acercó una de sus manos al brazo estirado para notar su calidez.
"Definitivamente, no quiero salir de tus sábanas blancas".



lunes, 16 de noviembre de 2015

La librería (II)

-Un libro para ti, mi vida -la responde su madre a la vez que le acaricia la cabeza con suavidad.
La niña se siente desconcertada: "¿Para mí? ¿Yo no quiero un libro?". Frunce el ceño y mira a sus padres con indignación.
-¿Para qué quiero yo un libro? -pregunta enfadada.
Ve cómo ambos se miran, pero ninguno contesta a su pregunta.
-Tú vete a mirar por la tienda, a ver si ves algún libro que te guste.
-¡Pero yo no quiero un libro! -grita la niña al ver que sus padres no atienden a lo que pide.
Espera largo rato de pie, frente a ellos, con los brazos cruzados, la cabeza bajada y la vista muy fija en un punto en el suelo. Cuando quiere darse cuenta, sus padres ya no están allí. Mira a un lado y a otro, la habitación en la que está no parece muy grande, pero no se encuentran a su lado, ni en ninguna zona donde a simple vista pueda verlos.
-¿Mamá? ¿Papá? -pregunta con voz triste- ¿Dónde estáis?
No se ha dado cuenta pero, mirando a su alrededor, ve que la sala es circular y está abarrotada de estanterías viejas de color verde que se disponen en hileras como si fueran los radios de una bicicleta. Hay libros amontonados en columnas esparcidas aquí y allí, parecen no tener ningún orden. 
La niña sigue mirando y se da cuenta de que apenas hay ventanas y que la luz que hay dentro de la tienda es producida por unas lámparas bastante sucias que cuelgan del techo. 
"¡Hala, qué techo más alto!", piensa asombrada. 
Aquel sitio que parecía pequeño al entrar, era ahora como un palacio de madera. El techo se encontraba a gran altura del suelo; las paredes de la tienda se erguían hacia arriba mostrando un feo color marrón que algún tiempo atrás fue beige pero que con los años habían absorbido el polvo del ambiente y las habían tintado de oscuro. 
La niña no para de mirar hacia arriba fijándose en todos los detalles, cuando ve unas barandas de madera a ambos lados suspendidos en las paredes. 
¡Tiene más pisos! -grita, y se sorprende por su entusiasmada voz. Se tapa la boca con las manos y mira a los lados esperando a que alguien la regañe o la mande callar, pero no ocurre; aún así susurra-: ¿Por dónde podré subir?
Baja la cabeza y gira sobre sí misma buscando alguna escalera por la que subir. 
Ya no se acuerda de que sus padres no están allí, solo busca una manera de subir las plantas de la tienda.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Un infierno en la Tierra

Ayer escuchaba las noticias sobre los atentados en París y no podía evitar que en mi garganta se formara un nudo, que el estómago se me cerrara y que los ojos se me llenaran de lágrimas. Igual que tampoco puedo evitar que esto mismo ocurra cuando salen imágenes de familias inocentes que huyen de la guerra ahogadas en el mar. Como tampoco puedo evitarlo cuando conozco que grupos armados obligan a las niñas en África a autoinmolarse. O, al margen de la guerra, un tsunami devasta a una población; o un terremoto destruye una ciudad; o un incendio arrasa un bosque...

Todos conocemos lo que es el dolor; el sentimiento es el mismo para todos, en mayor o menor grado, pero todos lo sabemos. Y le duele al que vive en paz escuchar la guerra, pero más le duele al que la vive.

El dolor es un sentimiento humano que nos conecta a todas y cada una de las personas que vivimos en la Tierra. Y cada uno de nosotros lo vamos a conocer o lo conocemos, de un modo o de otro.
Ahora, en este nuevo mundo, el dolor es más intenso, porque conocemos más de él. Pero siempre se ha vivido un infierno en la Tierra...

Solo puedo decir que lo siento por todos los que vivimos en este mundo.

martes, 27 de octubre de 2015

Es como volar

Caigo al vacío, pero antes de llegar a tocar el suelo, me elevo con impulso hacia arriba, hacia el cielo, hacia el infinito. Batiendo unas alas invisibles que creo tener a la espalda. Son las que me salvan.

Su mirada le provocaba esa sensación. Mirarla a los ojos y ver la preciosa oscuridad que había en ellos; enigmática, sorprendentemente hermosa. 
La mirada de ella era el vacío al que caía, por el que se precipitaba, sabiendo cuál sería el final. Pero sus ojos eran las alas de él, que le llevaban a tierra firme; sano, salvo y feliz.

¿Por qué lo haces? -Se preguntaba constantemente- ¿Por qué te asomas al abismo?; algún día no estará ella para salvarte. 

Mirándola de reojo, acarició lenta y suavemente su piel con los dedos. Ella estaba distraída cuando notó su cálida caricia. Volvió la cara, entornó sus ojos y cruzó su mirada con la de él.

Porque es como volar.


domingo, 25 de octubre de 2015

Una enferma realidad

Era tan difícil estar ahí. Estar a su lado; ver cómo hablaba con otra gente mientras a mi me daba la espalda. Ni una sola mirada... Ni un solo "hola"...
A veces pensaba que todo había sido un sueño. Una alucinación. O, quizá, solo un pensamiento.
Que yo seguía sin tomar una decisión y que lo que ocurría solo pasaba en mi mente.
Pero me convencí a mi misma de que aquello era real. De que cada vez que le veía rozaba su piel con la mía, mis labios con su cuello, los suyos con mis pechos...
Y fue aceptar que era real lo que me volvió loca.
Entonces...decidí desaparecer.



viernes, 23 de octubre de 2015

No lo hagas

Ya me declaré "fan" de los anuncios en una ocasión cuando escuché (más que vi) uno de Apple con las palabras de Walter Whitman. Y hoy voy a volver a hacer lo mismo con un anuncio de Dewar's White Label (marca de whisky) que ha usado los versos de Charles Bukowski para su nuevo spot publicitario.
En el anuncio se narran solamente ciertos fragmentos del poema "¿Así que quieres ser escritor?" ya que han tenido que adaptar la obra al anuncio omitiendo las partes en las que se hace exclusiva referencia al mundo de la literatura y dejando aquellas que se pueden aplicar a cualquier ámbito.
A continuación os dejo una versión del anuncio de Dewar's: Live True, con unas preciosas imágenes que invitan a la autosuperación a través del ejercicio físico. El audio es el original del anuncio en castellano.



Más abajo os dejo el poema al completo.
No soy entusiasta de los poemas, pero sé reconocer lo bonito y lo profundo que es algo y esto lo es. Espero que sepáis apreciarlo.

¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?
"Si no te sale ardiendo de lo más profundo de ti, 
a pesar de todo, no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón, 
de tu mente, de tu boca, de tus entrañas; no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador 
o clavado en tu máquina de escribir 
buscando las palabras; no lo hagas.
Si lo haces por dinero o por fama; no lo hagas.
Si lo haces por llevarte mujeres a la cama; no lo hagas.
Si tienes que sentarte 
y reescribirlo una y otra vez; no lo hagas.
Si te cansa solo pensar en hacerlo; no lo hagas.
Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, 
espera pacientemente. 
Pero, si nunca llega a rugir, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa 
o a tu novia o a tu novio o a tus padres... 
o a cualquiera; no estás preparado.
No seas como tantos escritores, 
no seas como tantos miles de personas
que se llaman a sí mismos escritores.
No seas pesado y aburrido y pretencioso.
No te consumas en el amor propio. 
Las bibliotecas del mundo bostezan 
hasta dormirse con esa gente. 
No seas uno de ellos. No lo hagas. 
A no ser que salga de tu alma como un cohete.
A no ser que quedarte quieto 
pudiera llevarte a la locura, 
al suicidio o al asesinato; no lo hagas.
A no ser que el sol que hay dentro de ti 
esté quemando tus tripas; no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento, 
si has sido elegido, sucederá por sí solo y 
seguirá sucediendo hasta que mueras... 
o hasta que muera en ti. 
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo".

Bukowski, C. 



lunes, 5 de octubre de 2015

Al rincón de pensar

                                                                                                                                                
"No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas." - WHITMAN, W.
                                                                                                                                                
"No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre..." - WHITMAN, W.
                                                                                                                                                
"Predicar moral es cosa fácil; mucho más fácil que ajustar la vida a la moral que se predica." - SCHOPENHAUER, A.
                                                                                                                                                
"Todo querer nace de una necesidad, por consiguiente, de una carencia, y, por lo tanto, de un sufrimiento." - SCHOPENHAUER, A.
                                                                                                                                                
"Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral." - ORTEGA Y GASSET, J.
                                                                                                                                                
"Hay que llevar verdaderamente el caos dentro de sí para poder engendrar una estrella danzarina." - NIETZSCHE, F.
                                                                                                                                                
"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti." - NIETZSCHE, F.
                                                                                                                                                
"He aquí un axioma sobre la condición humana: todo el mundo miente. La única variable es sobre qué." - HOUSE, G.
                                                                                                                                                
"Somos lo que creen que somos, la realidad es irrelevante." - HOUSE, G.
                                                                                                                                                
"No puedo volver al ayer, porque ya soy una persona diferente." - CARROLL, L.
                                                                                                                                                
"Si quieres cosas nuevas, busca cosas nuevas." - Anónimo.
                                                                                                                                                
"Nos arrepentimos más de las cosas que no hacemos, que de las que llegamos a hacer." - Anónimo.
                                                                                                                                                

lunes, 28 de septiembre de 2015

La librería (I)

Unos padres recorren con su hija de 7 años las calles de la gran ciudad en la que viven. Ambos la miran de reojo y ven como la pequeña niña se queda maravillada al ver tantas luces y colores que cambian, que se encienden y se apagan. Ella se mezcla junto a sus padres con cientos de personas que, como ellos, han salido a la calle a disfrutar, a pasear, a comer, a comprar...
La pequeña niña no sabe a dónde la llevan sus padres, y se sorprende cuando paran delante de una tienda de aspecto viejo. Se quedan de pie junto a la puerta y la niña se siente minúscula e intimidada al estar frente a ella. 
"Parece una tienda" -piensa. 
Y lee las gigantes letras de metal anaranjado, que en otro tiempo fueron de un dorado resplandeciente, lentamente: "Librería".
-Es un sitio de mayores -le dice a su padre mientras gira y levanta la cabeza para mirarle a la cara. 
Su padre sonríe al escuchar la dulce voz de su hija, que está desconcertada porque no sabe lo que hacen allí.
Atraviesan los tres juntos el umbral de la carcomida puerta de madera, que al abrir, hace chirriar sus goznes. El estridente ruido alarma a la niña, pero rápido se relaja al escuchar que después del ruido de bisagras viejas, suena un suave tintineo de campanillas que han anunciado su entrada a la tienda.
En un principio no ve a nadie, y eso la hace agarrar más fuerte las manos de sus padres. No era normal que la llevaran a lugares como aquel.
"Todo parece triste y serio" -le dice su propia voz en su cabeza.
Ve que la tienda es muy pequeña y está abarrotada. Las estanterías de madera cuya pintura verde oscuro lleva años agrietándose llenan la habitación, y parece difícil que alguien pueda moverse por allí sin tirar algo.
-¿Qué hacemos aquí? ¿Podemos irnos? -pide a sus padres.
-No, no podemos irnos. Hemos venido a comprar un libro -contesta su padre dulcemente.
-¿Un libro para qué? -pregunta ella con intriga.

El vacío

"Tengo la cabeza que me va a estallar". -Pienso nada más llegar a casa.
Vuelvo a tenerla para mi sola. Me doy cuenta de que no hay ni un alma aquí dentro cuando vuelvo, y eso me reconforta, porque lo último que quiero ahora mismo es hablar con nadie.
Sin encender la luz, me dirijo hacia mi cuarto y dejo encima de la silla mi mochila a la vez que siento una gran liberación en los hombros; como se destensan mis músculos del cuello y de la espalda que han estado agarrotados durante el par de horas que dura el viaje de vuelta a mi casa.
Me siento en el borde de la cama. Mientras cierro los ojos tuerzo el cuello hacia la derecha y hacia la izquierda y escucho crujir mis vértebras. Al abrirlos, veo como en la oscuridad del cuarto unas minúsculas centellas iluminan el espacio vacío que recorro con la mirada y tardan unos segundos en desaparecer.
Sin necesidad de desatarme los cordones, me quito las zapatillas con los pies al presionar con la puntera el talón del pie contrario, haciendo escurrir la tela por el calcetín hasta sacarlo. Las dejo caer al suelo mientras mis pies cuelgan de la cama. Mis brazos están extendidos a lo largo del cuerpo y mis manos se encuentran reposando sobre mis muslos, que acaricio deprisa como si quisiera que entrasen en calor, sin embargo lo hago más como un acto despreocupado y sin sentido.
Miles de pensamientos e ideas se pasean por mi cabeza y considero que es algo bueno porque así no hay espacio para que se estanque uno concreto en ella.
Balanceo mis pies a un lado y a otro y, al cabo de un rato me doy cuenta de lo inquieta que me siento en esta posición. Necesito tumbarme. 
Inclino mi cuerpo hacia la izquierda para posar mi cabeza sobre los mullidos cojines que reposan en la cabecera de mi cama. Me siento como si estuviera en el cielo. Un cielo que me esperaba abierto sólo para mi después de todo un día fuera yendo de un lado a otro. Me relajo mientras hundo mi cabeza en los mullidos almohadones, cerrando mis ojos y subiendo a la vez las piernas encima de la cama. Estirando los brazos y dejándolos suavemente a lo largo de los costados de mi cuerpo. 
Noto la agradable sensación de la pesadez abandonando mi cuerpo; mi mente se va quedando en blanco, todo el ruido de mi cabeza se aleja despacio y queda solo el vacío.

viernes, 21 de agosto de 2015

En un futuro...

No faltaba ni un solo día. Cuando el reloj daba las cinco de la tarde, él se presentaba en el mismo lugar y esperaba. La rutina era la misma de siempre. Sólo tendría que esperar diez minutos, quince como mucho, para verla salir.
Apagó su coche tras aparcarlo en la plaza que ocupaba a diario sobre aquella hora y esperó mientras se encendía y fumaba un cigarro dentro del vehículo. El intenso olor a tabaco impregnaba cada recodo del coche. La tapicería ya estaba desgastada por los años, y el humo de muchos cigarrillos se había extendido dentro del automóvil, de modo que aquel tufo había quedado atrapado de manera permanente en su interior, y ya era casi imposible que desapareciese aunque le hiciesen un lavado completo. Pero allí dentro no solo olía a tabaco. Era una mezcla de aromas, y todos ellos resultaban desagradables: sudor, grasa, ceniza, costo... Cualquiera que no estuviera acostumbrado notaría la apestosa amalgama de olores de dentro del coche y jamás volvería a pisarlo. El olor era tan fuerte y penetrante...

El hombre se terminó el cigarro y tiró la colilla dentro del cenicero del vehículo, que ya contenía demasiadas, desparramando por las alfombrillas un poco de la ceniza que había en su interior, pero apenas le importó y tan rápido como cerraba la tapa del cenicero cogió de nuevo la cajetilla de tabaco para sacar otro cigarrillo y encenderlo mientras seguía esperando.
Tenía la mala costumbre de sacar el plástico que envolvía las cajas de cigarros y hacer una bola para después tirarla, ya fuera al suelo o a la persona que le acompañara en ese momento, y con la que tuviera la suficiente confianza como para realizar aquel gesto tan desagradable.
En ese momento no había nadie más con él en el coche a quien poder tirarle la bolita de plástico, por lo que la echó sobre el salpicadero del coche, el cual estaba lleno de marcas de pegamento y pequeños agujeros que había hecho colocando gran cantidad de pins que, posteriormente, había quitado, pero que permanecieron durante mucho tiempo allí.

Fumó igual de rápido el segundo como el primer cigarrillo. Las puntas de los dedos de su mano derecha estaban amarillentas y en ellas también permanecía aquel olor rancio característico que poseen las personas que fuman demasiado durante toda su vida. Además, los callos que tenía en ambas palmas y en cada yema no las hacían ver mejor.
Una vez acabó el cigarro, abrió el cajetín colapsado de ceniza y colillas y apagó nuevamente el filtro volviendo a derramar las diminutas motas grises, blancas y negras sobre el suelo del coche y, al levantar la cabeza y mirar a través de la luna del coche vio a quien quería ver. 
Estuvo un largo rato quieto, pensando que si se movía lo más mínimo sería capaz de descubrirle, pero era imposible que le viera allí, ya que se encontraba a larga distancia.

La vio tan mayor y recordó lo pequeña que era cuando la sostuvo por primera vez entre sus manos. Unas gruesas lágrimas cayeron por ambos lados de su cara, recorriendo el camino que habían dejado los surcos de arrugas por sus mejillas hasta caer en la camisa que llevaba metida por dentro del pantalón. Veía cómo caminaba con una sonrisa en la cara mientras hablaba con otras personas a su alrededor, mientras él permanecía callado, llorando en silencio dentro de su coche. Aquel coche en el que tantas veces la había montado y la había llevado a tantos sitios en los que habían disfrutado como una familia feliz, una familia unida.

-Ais... -dijo con la voz entrecortada- Que tonta has sido...

Pensó en lo mucho que había crecido, en que ya se había convertido en toda una mujer, y él no había estado presente. Se había hecho mayor sin él en su vida. Se había perdido tantas y tantas cosas... Había sabido seguir adelante sin su ayuda, sin él a su lado para apoyarla, porque seguramente tenía a otros muchos que sí habían estado a su lado.

-Pero yo no.

Más lágrimas se deslizaron por su envejecido y deteriorado rostro. Por un momento se debatió entre seguir llorando en silencio y contener las lágrimas para no parecer débil, pero no podía, le dolía demasiado verse así. Ver cómo de rápido había llegado el futuro sin haber podido hacer nada en el pasado.

Se había perdido tantas y tantas cosas... Pero no solo desde que no estaba en su vida, sino también habiendo estado en ella.

jueves, 6 de agosto de 2015

No lo era

No era el mejor día para caminar por la calle a solas; es decir, en las películas, cuando el personaje principal pasa por ese momento de apatía característico en el que no quiere saber nada de nadie y se aisla para aclarar sus ideas y poner en orden sus pensamientos, debatiéndose entre elegir si hacer lo correcto o lo fácil, o decidirse por cuál de todos sus pretendientes es el que más le conviene para formar una familia estúpida y falsamente feliz, se pinta un escenario que concuerda perfectamente con su estado de ánimo: un día nublado y gris, en el que finalmente cae el diluvio universal sobre el personaje que deambula por una ciudad abarrotada de gente que, casualmente, visten todos de un mismo color gris asfalto, portan paraguas negros y caminan en una única dirección (contraria a la del protagonista) como si fuesen al entierro de alguien conocido por la ciudad al completo; todo ello mientras suena una canción cuyo autor es un hombre de voz rasgada y quejumbrosa cuya letra habla perfectamente de la situación que vive el personaje y de lo arrepentido o dolido que se siente y de lo mal que lo está pasando. Pero, por todo esto, hoy no era el mejor día para sentirse protagonista de una película así, pues el día no acompañaba en absoluto.
Teniendo en cuenta que nos encontramos en pleno verano, donde por geografía suele llover poco en esta época del año, cuyo calor es asfixiantemente seco, en el que el cielo cada día puede ser más azul que el anterior y donde las nubes parecen haber sido dibujadas por una niña de 9 años a la que le han enseñado que éstas son blancas y esponjosas como el algodón, no lo era para nada. Y, por si fuera poco, el brillante día bañado por el espléndido sol al que solo le falta la cara del bebé de los Teletubbies, en la vida real no suele sonar música que exprese tu estado de ánimo. No hay ninguna canción, a menos que vayas al metro y te quedes al lado del colega del teclado esperando a que toque alguna otra canción que no sea "el tema principal de El Padrino" (porque ese tema no encaja dentro de la vida de una persona que no tenga, como poco, sangre siciliana).
Y, repitiéndome de nuevo, no era el mejor día para sentirse sola y caminar por la calle. El sol pegaba de lleno en el asfalto que levantaba un calor insoportable. Por lo que tuve que volverme a casa. A una casa sola, completamente vacía... Y yo lo único que quería que estuviese vacía era mi cabeza. Pero no, por lo que fuere, en mi cabeza siempre había ruido. Ruido y también calor.
La alternativa a caminar era quedarse sentada, y eso fue lo que hice nada más llegar a casa. Sentarme. Concretamente, cerrar la puerta y escurrir hasta tocar el suelo con el culo y estirar las piernas. Dejar los brazos caer y las manos apoyarse en el parqué como si fuesen las de un muerto que acababa de derrumbarse. Quedarme allí, en silencio, era mi mejor opción. 
El silencio lo quería inundar todo. Y yo quería que triunfase en ese momento. Que no se escuchara nada. Si acaso, solo el ruido de la calle, del sol ahogándolo todo a su paso, de los jadeos de cansancio de aquellos que se paseaban afuera, del suave aleteo de algún pájaro aventurero que se atrevía a volar a esas horas, del ruido de los atronadores motores de los coches que circulaban por las calles próximas a mi casa, del ladrido de algún perro...
Pero en mi cabeza seguía habiendo ruido. El ruido provocado por una única voz: la mía. Una voz que modulaba, cambiante: a veces inquisitiva, a veces rompedora... Que carcome la moral de una, que se centra en ser sumisa. Una voz que no es fuerte, no planta cara, simplemente se amolda. Huye. Aunque no puede hacerlo, porque le gusta hacer ruido.
No era el mejor día ni para caminar, ni para quedarse en casa. No había opción buena. No era día para que hubiese una opción buena. 
¿O quizá sí?
La alternativa a caminar era sentarse, y la alternativa a sentarse era permanecer tumbada.
Así que decidí hacerme un ovillo. Adoptar una posición fetal en el suelo, el caluroso suelo (porque ni dentro de las casas se está a salvo del calor). Y mecerme lentamente. Susurrar que se estaba bien, que se estaba a salvo, era la única solución.

martes, 4 de agosto de 2015

Puedo demostrarte...

Puedo demostrarte que te quiero por mucho tiempo que pase, porque quien quiere de verdad lo hace para siempre.

"Volví la mirada y te vi sonreír y 
creí que ya me habías olvidado; 
pero entonces miré más allá y 
vi lo que te hizo hacerlo. 
Era un recuerdo, pero era nuestro".

jueves, 23 de julio de 2015

El tiempo es un error

El tiempo ha sido en vano. Tiempo perdido. Ha sido todo tiempo errado. Y el error ha sido mío. Error por no haber tomado la decisión a tiempo.

Y el tiempo es lo que escapa. Y el tiempo no se recupera. Y el tiempo invertido en pensar, ha sido tiempo perdido.

viernes, 19 de junio de 2015

El Hotel

Todas las noches me encuentro en el mismo edificio. Parece un hotel. Algunas veces estoy al final de un largo pasillo, con habitaciones de puertas muy blancas a los lados en los que el único tono de color es un sutil dorado que reflecta el número de cada cuarto; cuyas paredes son del mismo color que las puertas, y donde una larga y acolchada moqueta beige se extiende por todo el corredor. Pero, otras veces aparezco en un espacioso salón, de paredes amplias, techos altos y grandiosas cristaleras donde brillan las luces que desprende una majestuosa lámpara de araña que hay colgada en el centro del salón, y bajo ésta, de semejante tamaño, una mesa circular de madera de caoba con relieves laterales de colores más claros. El suelo de la sala es de mármol travertino que recientemente ha debido ser pulido y encerado.
Da igual en cuál de los dos lugares esté, lo importante es el ascensor frente al que me hallo. De puertas metálicas que se abren con suavidad, sin hacer ningún ruido; tan solo el leve tintineo de una campana que avisa de su llegada a la planta.
Cruzo la puerta del ascensor dejando el suelo firme atrás y entrando en la cabina que pende de unos cables. El ascensor suele tener unos vanos verticales acristalados que dan al exterior. Siempre es de noche. El hotel se encuentra en lo alto de una montaña y, a lo lejos, se puede ver un pueblo muy pequeño iluminado por algunas luces que se esparcen. 
Dentro del ascensor hay un espejo, en el que trato de no verme reflejada, pero abarca casi todo el cubículo así que me veo obligada a ver que llevo un vestido de gala de color rojo brillante y mi largo cabello oscuro, recogido en un discreto moño italiano despeinado. De mis orejas cuelgan unos bonitos pendientes largos de cristales. Apenas puedo ver los zapatos que llevo puestos debido al largo del vestido.
Me avergüenza ver mi reflejo y miro más allá en la superficie reflectante: hay alguien más dentro del ascensor. Un hombre, alto, de espaldas anchas y pelo oscuro que mira por la cristalera hacia la noche. Vestido de traje. No consigo verle la cara. Tampoco él dice nada.
Me coloco delante de la puerta de la cabina y miro que no hay panel para pulsar el número de la planta a la que quiero ir. Pero ya no puedo salir del ascensor porque las puertas se han cerrado con un leve zumbido. Miro hacia el dintel del ascensor y hay una pequeña pantalla que proyecta el número "veinte" en un color blanco. Cuento con el ascensor. Noto la máquina bajar lentamente.
Diecinueve...
Respiro.
Dieciocho...
Continúa bajando.
Diecisiete...
Cierro los ojos.
Dieciséis...
Continúo respirando.
Quince...
Cojo el aire por la nariz.
Catorce...
Lo suelo despacio por la boca.
Trece...
...
...
...
Y es entonces cuando me duermo.
No soy capaz de llegar a la planta baja de ese hotel. Ni tampoco de verle la cara al hombre que me acompaña. Ni saber si llega a salir o permanece quieto y distante.
Algún día descubriré qué hay más abajo en este hotel. Por qué llevo un vestido puesto. O qué hago ahí.
Mientras...seguiré durmiendo.

lunes, 15 de junio de 2015

Alergia a las nubes

Hace un día bastante gris. De esos que no iluminan una estancia a pesar de tener las ventanas abiertas de par en par. De los que la nimia luz que desprenden te obliga a permanecer tumbada en la cama. Esos días en los que no hay apenas diferencia entre abrir los ojos y no abrirlos.
Me mantengo acostada esperando que se filtre algún rayo de sol que me anime a salir del cuarto; pero pasa el tiempo y el rayo no llega. Y me digo a mi misma que quizás sea buena idea ir en busca de ese haz que me saque de esta penumbra. Pero creo que tengo alergia a los días así, a los días sin luces ni colores, empañados por las nubes que encapotan el cielo.
"Pero, tras las nubes, hay un cielo azul esperándome ahí fuera" -me digo en voz muy baja, como si fuera un secreto.
Los ojos se me empañan. Soy consciente de mi realidad, pero esta maldita alergia no me deja tranquila, y me escondo bajo las sábanas esperando que se pase.
"Si sales, la alergia se irá" -me prometo pensando que lo que me digo es verdad, pero sin tener la certeza de que lo sea.
Y, por fin, hay algo que me impulsa: y decido salir de la cama y levantar las persianas y correr las cortinas para que la poca luz que haya se cuele por las ventanas porque, a pesar de ese cielo que ahora se ve gris, siempre aguarda detrás un precioso azul celeste.

Porque la cura para mi alergia a las nubes es buscar ese cielo despejado.


martes, 2 de junio de 2015

En Jaque Mate

Noto sus penetrantes ojos recorriendo mi espalda de arriba a abajo, y le escucho suspirar y removerse cómodamente en su trono. Y, a su lado, la reina cuya mirada inquisitiva tengo clavada en mi nuca y puedo oír sus pensamientos, deseando que me expulsen la primera del tablero.
Comienza el juego. Ellos empiezan, y yo miro a mi alrededor para ver cuál de nosotros es el primero en salir. La partida avanza y soy de las últimas en moverme. Pocos de los que son como yo, quedamos dentro del tablero. Tengo vagas oportunidades de comerme (o que me coma) uno de los míos. Así que, como siempre, toca aspirar alto...

Pero tras un largo rato, es momento de dejarse llevar. Me siento como lo que soy: un peón. Una marioneta en manos de aquellos que quieren jugar. 

Me mantengo alejada de los alfiles, quienes se han ido a por los más débiles. Y los caballos, con su "L", tienen gustos muy complejos. Me intrigan las torres y sus ideas fijas, fieles al dicho "quien la sigue, la consigue". Y el rey, tan aburrido como siempre, acaba dejándose hacer.

Voy a terminar este juego esperando que sea a mi a quien le den Jaque Mate.

Marcas

Cuando alguien te marca lo notas, lo sientes. Es como ese arañazo en la espalda o ese mordisco en el cuello que haces cuando disfrutas de algo o de alguien. 
Pero esta clase de marca es más profunda que todo eso. Se adentra en ti. 
Es una sensación tan extraña, tan difícil de explicar, que se manifiesta en forma de sonrisa si te marca para bien, o en lágrima, si lo hace para mal. Y tan profunda es que al sonreír lo haces por dentro y también por fuera, y te hace brillar, brillar con luz propia porque la felicidad ilumina. Pero cuando te marcan con tristeza, ésta te enturbia el rostro y la mirada, y te sientes como si una nube estuviera encima, tapando la luz del sol.

Pero ni todas las marcas que parecen buenas son buenas, ni todas las malas, son malas. 
 Así que si marcas a alguien, que sea bien... 
con unos dientes en el cuello.



miércoles, 20 de mayo de 2015

Coltán

Me llamo Aissa y tengo diecisiete años. Acabo de levantarme y apenas tengo ropa con la que vestirme porque me va desapareciendo. Creo que son mis hermanas, pero no puedo decirlas nada porque padre Maiba me daría una paliza por regañarlas, piensa que así no cuido de ellas. Voy a pedirle algo prestado para ponerme a madre Ellema, pero ella sigue durmiendo y si la despierto también va a pegarme. Ahora tengo que salir a trabajar con la ropa con la que he dormido esta noche y no me gusta porque sé que me la voy a manchar en el trabajo y ahora es la única que tengo.
Hoy hace mucho calor y fuera de casa no hay nadie porque mi familia y yo vivimos lejos del pueblo y cerca de un río. La casa donde vivimos la construyó el abuelo Mamadou, el padre de padre, hace muchos años. Vivimos cerca de lo que llaman el valle del Rift, en un país que se llama República Democrática del Congo. Yo no sé nada de países; en realidad no sé mucho de nada porque nunca fui a la escuela y desde hace mucho tiempo solo tengo que ir cada día lejos, muy lejos, a un lugar lleno de rocas y barro, con muchas personas que no paran de excavar en la tierra en busca de unas piedras muy pequeñas a las que llaman "coltán".
Tengo que correr mucho bajo el sol y durante mucho tiempo para llegar hasta allí, donde hay niños y niñas de la edad de mis hermanas, chicos y chicas con mis años, y señores y señoras como padre y como madre, que están trabajando duro, quitando y machacando piedras con martillos y picos, llenando cubos de agua y barro y vertiéndolos en coladores para encontrar esas pequeñas piedras grises. Hay señores altos, fuertes y serios vestidos con ropas verdes y limpias, que nos ven trabajar con un arma en la cintura y otra más grande colgada al hombro.
He llegado un poco tarde y uno de los hombres me ha visto, así que viene hacia mí y cuando le tengo cerca me pega con la mano abierta en la cara, tan fuerte que me tira al suelo. La bofetada me ha hecho sangrar por la nariz, pero yo quiero ponerme a trabajar para que no me vuelva a golpear otra vez. El señor mira a su alrededor y ve una pala cerca de él; la coge y me la lanza a la cara; ahora sangro más porque me ha dado de lleno en la nariz y la boca. Me limpio la sangre con el brazo y me pongo a trabajar. El sentido de la responsabilidad de mantener a mi familia es más grande que el dolor físico que puedan hacerme porque, en casa, solo padre Maiba y yo trabajamos, y somos muchos allí viviendo.
En la mina, como lo llaman allí todos, hay que trabajar duro porque si no, no te dejan irte a casa. Tienen que ver que has encontrado esas rocas de "coltán" que tanto quieren. Es muy difícil encontrarlas porque en la mina hay más tierra y rocas marrones, además de agua sucia, que las rocas que buscan.
No sabemos para qué las quieren, ni lo que hacen con las que encontramos, pero deben de ser muy valiosas porque muchas personas en la mina han perdido algún dedo, mano o pie buscando esas pequeñas piedrecitas. No nos permiten llevarnos ninguna a casa, todos lo hemos intentado alguna vez, incluso yo, y lo que te hacen si te descubre es mucho peor que una bofetada y un poco de sangre. Mucho, mucho peor.

jueves, 26 de marzo de 2015

El momento de querernos a nosotros mismos...es ahora

Esta mañana he leído una entrada en la página web www.politicaysociedad.net que me ha parecido bastante interesante. Tiene por título "30 Cosas que debes dejar de hacerte a ti mismo" y, en lugar de hacer un mal resumen de las ideas que dan sobre lo que las personas nos hacemos a nosotras mismas pensando y anteponiendo siempre el bienestar de otras al propio, quiero hacer una especie de corta-pega de lo que ahí aparece. Sin embargo, no quiero tener ningún tipo de problema y me acusen de plagio, porque no es así.
Las ideas a las que voy a hacer alusión a continuación están sacadas de esa página web llamada Política y Sociedad, (que aconsejo echéis un vistazo), y solo pretendo difundirlas sin tratar de hacerlas propias; no obstante, es bueno interiorizarlas y tomar nota de ellas, ya que pensamos demasiado en los demás, dejándonos a nosotros mismos a un lado.

1. Deja de pasar tiempo con la gente equivocada.- La vida es demasiado corta como para pasarla con la gente que te succiona la felicidad. Si alguien te quiere en su vida te hará un hueco, pero tú no tendrías porqué forcejear por ello. No le insistas a alguien que continuamente te está subestimando.
2. Deja de huir de tus problemas.- Hay que afrontarlos y no será fácil. No hay persona en el mundo capaz de encajar cada golpe que le da la vida. No podemos solucionar los problemas al instante; es más, estamos hechos para enfadarnos, entristecernos, herir, tropezar y caer. La finalidad de la vida es afrontar los problemas, aprender, adaptarnos y solucionarlos con el paso del tiempo.
3. Deja de engañarte a ti mismo.- Puedes engañar a cualquier persona del mundo, pero no a ti mismo. Nuestras vidas solo mejoran cuando corremos riesgos y el primero y más difícil que podemos correr es empezar a ser honestos con nosotros mismos. 
4. Deja de poner tus propias necesidades en último lugar.- Lo más doloroso de todo es perderte en el proceso de amar demasiado a otros, tanto como para olvidarte de que tú también eres especial. Sí, ayuda a los demás, pero ayúdate a ti mismo también. Si hay un momento para perseguir tu pasión y hacer algo que sea importante para ti, ese momento es ahora.
5. Deja de intentar ser alguien que no eres.- Uno de los mayores desafíos de la vida es ser uno mismo en un mundo que intenta convertirte en otra persona. Siempre habrá alguien más guapo que tú, más inteligente que tú o más joven que tú pero ellos nunca serán tú. Sé tú mismo, y las personas adecuadas querrán a tu «yo» auténtico.
6. Deja de vivir en el pasado.- No puedes iniciar un nuevo capítulo en tu vida si permaneces anclado releyendo el anterior.
7. Deja de asustarte por cometer errores.- Hacer algo y equivocarse es por lo menos diez veces más productivo que no hacer nada. Todos los éxitos esconden tras de sí una lista de errores y, cada nuevo error, te conduce al éxito. Al final, te arrepentirás más de las cosas que NO hiciste que de las que sí hiciste.
8. Deja de regañarte por los errores que cometiste.- Podemos amar a la persona equivocada y llorar por lo malo que nos ha ocurrido, pero no importa cómo de mal nos haya ido porque una cosa es segura: los errores nos ayudan a dar con las personas y las cosas que nos convienen. Todos cometemos errores, tenemos problemas e incluso lamentamos sucesos de nuestro pasado. Pero tú no eres tus errores, ni tus problemas. Todas y cada una de las cosas que suceden en tu vida te preparan para un momento que aún está por llegar.
9. Deja de intentar comprar la felicidad.- Muchas de las cosas que deseamos son caras. Pero las cosas que verdaderamente nos satisfacen son completamente gratis: el amor, reírse y trabajar en lo que nos apasiona.
10. Deja de buscar la felicidad exclusivamente en los demás.- Si no estás a gusto contigo mismo, tampoco serás feliz en una relación a largo plazo con otra persona. En primer lugar, tienes que crear la estabilidad en tu propia vida antes de poder compartirlo con alguien más.
11. Deja la pereza.- No pienses demasiado porque, si no, generarás un problema que ni siquiera estaba ahí. Analiza las situaciones y pasa a la acción. No puedes cambiar aquello a lo que te resistes a afrontar. Progresar implica riesgo. ¡Punto! No puedes llegar a la segunda base si todavía tienes un pie en la primera.
12. Deja de pensar que no estás listo.- Nadie se siente nunca listo al 100% cuando se presenta una oportunidad. Y es que la mayoría de las grandes oportunidades de la vida nos obligan a salir de nuestra zona de confort, lo que significa que no nos sentiremos completamente cómodos al principio.
13. Deja de implicarte en relaciones por motivos equivocados.- Las relaciones deben escogerse sabiamente. Más vale estar solo que mal acompañado. No hay necesidad de precipitarse. Si algo tiene que ser, será: en el momento adecuado, con la persona adecuada y por el motivo adecuado. Enamórate cuando estés listo, no porque te sientas solo.
14. Deja de rechazar nuevas relaciones solo porque las anteriores no funcionaron.- En la vida te darás cuenta de que conoces a las personas por un motivo. Algunas te probarán, otras te usarán y otras te enseñarán. Pero lo más importante, algunas sacarán lo mejor que hay en ti.
15. Deja de competir con los demás.- No te preocupes de lo que otros hacen mejor que tú. Concéntrate en batir tus propios records día a día. El éxito es una batalla en la que solo compites TÚ CONTIGO MISMO.
16. Deja de envidiar a los demás.- La envidia es el arte de fijarse en las virtudes de los demás sin reparar en las propias. Pregúntate esto: «¿Qué tengo yo que querrían los demás?».
17. Deja de lamentarte y de compadecerte de ti mismo.- La vida nos plantea dificultades por una razón: para orientar nuestro camino en la dirección más adecuada para cada uno de nosotros. Puede que no lo veas o no lo entiendas del todo en el momento en que las cosas ocurren, y puede que sea duro pero, reflexiona sobre las dificultades que soportaste en el pasado; comprobarás que, casualmente, te condujeron a un lugar, una persona, estado de ánimo o situación mejores. Así que ¡sonríe! Deja que todo el mundo sepa que hoy eres un poquito más fuerte que ayer, y lo serás.
18. Deja los rencores.- No pases tu vida albergando odio en tu corazón. Acabarás tú mismo haciéndote más daño que las personas a las que odias. Perdonar no significa decir «no importa aquello que me hiciste», sino «no pienso dejar que lo que me hiciste acabe con mi felicidad para siempre». El perdón es la respuesta… déjalo, encuentra la paz y ¡libérate! Y recuerda que el perdón no se refiere solo a los demás sino también a ti mismo. Si tienes que hacerlo, perdónate a ti mismo, pasa página y trata de hacerlo mejor la próxima vez.
19. Deja de permitir que otros te rebajen a su nivel.- Niégate a bajar tu nivel para acomodarte al de aquellos que se niegan a subir el suyo.
20. Deja de perder el tiempo justificándote ante los demás.- Tus amigos no lo necesitan y tus enemigos no lo creerán, de todas formas. Simplemente, haz lo que tú consideres correcto.
21. Deja de hacer lo mismo una y otra vez sin tomarte un descanso.- El momento para darse un respiro es cuando no tienes tiempo para ello. Si sigues haciendo lo que haces, seguirás obteniendo lo que has obtenido hasta ahora. A veces es necesario distanciarse para ver las cosas con claridad.
22. Deja de ignorar la belleza de los pequeños momentos.- Disfruta de las pequeñas cosas, porque un día mirarás atrás y descubrirás que ésas fueron las grandes cosas. La mayor parte de tu vida estará compuesta por los pequeños e innombrables momentos que pasas sonriendo con la gente que te importa.
23. Deja de intentar que todo sea perfecto.- El mundo real no recompensa a los perfeccionistas, sino a quienes hacen las cosas.
24. Deja de seguir el camino del mínimo esfuerzo.- La vida no es fácil, sobre todo si tu objetivo es lograr algo valioso. No tomes el camino fácil. Haz algo extraordinario.
25. Deja de actuar como si todo estuviese bien cuando en realidad no lo está.- No pasa nada porque un día te derrumbes. No tienes que fingir todo el tiempo que eres fuerte ni tampoco hay necesidad de que demuestres constantemente que todo va bien. Tampoco debería preocuparte lo que los demás piensen: si necesitas llorar, hazlo; te vendrá bien desahogarte. Cuanto antes lo hagas, antes volverás a sonreír.
26. Deja de culpar a los demás por tus problemas.- Las probabilidades de que alcances  tus sueños dependen de la medida en la que hayas asumido la responsabilidad de tu vida. Cuando culpas a los demás de lo que te sucede estás negando tu responsabilidad: le estás otorgando a los demás poder sobre parte de tu vida.
27. Deja de intentar serlo todo para todos.- Simplemente, es imposible e intentarlo acabará quemándote. Pero hacer sonreír a una persona PUEDE cambiar el mundo. A lo mejor no al mundo entero, pero sí al de esa persona así que, limita tu foco.
28. Deja de preocuparte tanto.- El hecho de que te preocupes no te quitará la carga mañana, pero si la felicidad de hoy. Una forma de saber si merece la pena calentarse con algo es preguntarse: «¿Importará esto dentro de un año? ¿de tres? ¿de cinco?» Si la respuesta es que no, entonces no merece la pena.
29. Deja de centrarte en lo que no quieres que ocurra.- Céntrate en lo que sí quieres que te suceda. El pensamiento positivo es clave en todas las historias de grandes éxitos. Si te despiertas cada mañana con la idea de que algo maravilloso va a suceder en tu vida, y prestas mucha atención, a menudo descubrirás que estabas en lo cierto.
30. Deja de ser desagradecido.- No importa lo bien o mal que te vaya, levántate cada mañana dando gracias por estar vivo. En algún lugar alguien está luchando desesperadamente por los suyos. En lugar de pensar en lo que te falta, trata de pensar en lo que sí tienes y que les falta a los demás.
Aquí os dejo el enlace original:
(Política y Sociedad: "30 COSAS QUE DEBES DEJAR DE HACERTE A TI MISMO" http://www.politicaysociedad.net/30-cosas-que-debes-dejar-de-hacerte-a-ti-mismo/ )