"Tengo la cabeza que me va a estallar". -Pienso nada más llegar a casa.
Vuelvo a tenerla para mi sola. Me doy cuenta de que no hay ni un alma aquí dentro cuando vuelvo, y eso me reconforta, porque lo último que quiero ahora mismo es hablar con nadie.
Sin encender la luz, me dirijo hacia mi cuarto y dejo encima de la silla mi mochila a la vez que siento una gran liberación en los hombros; como se destensan mis músculos del cuello y de la espalda que han estado agarrotados durante el par de horas que dura el viaje de vuelta a mi casa.
Me siento en el borde de la cama. Mientras cierro los ojos tuerzo el cuello hacia la derecha y hacia la izquierda y escucho crujir mis vértebras. Al abrirlos, veo como en la oscuridad del cuarto unas minúsculas centellas iluminan el espacio vacío que recorro con la mirada y tardan unos segundos en desaparecer.
Sin necesidad de desatarme los cordones, me quito las zapatillas con los pies al presionar con la puntera el talón del pie contrario, haciendo escurrir la tela por el calcetín hasta sacarlo. Las dejo caer al suelo mientras mis pies cuelgan de la cama. Mis brazos están extendidos a lo largo del cuerpo y mis manos se encuentran reposando sobre mis muslos, que acaricio deprisa como si quisiera que entrasen en calor, sin embargo lo hago más como un acto despreocupado y sin sentido.
Miles de pensamientos e ideas se pasean por mi cabeza y considero que es algo bueno porque así no hay espacio para que se estanque uno concreto en ella.
Balanceo mis pies a un lado y a otro y, al cabo de un rato me doy cuenta de lo inquieta que me siento en esta posición. Necesito tumbarme.
Inclino mi cuerpo hacia la izquierda para posar mi cabeza sobre los mullidos cojines que reposan en la cabecera de mi cama. Me siento como si estuviera en el cielo. Un cielo que me esperaba abierto sólo para mi después de todo un día fuera yendo de un lado a otro. Me relajo mientras hundo mi cabeza en los mullidos almohadones, cerrando mis ojos y subiendo a la vez las piernas encima de la cama. Estirando los brazos y dejándolos suavemente a lo largo de los costados de mi cuerpo.
Noto la agradable sensación de la pesadez abandonando mi cuerpo; mi mente se va quedando en blanco, todo el ruido de mi cabeza se aleja despacio y queda solo el vacío.
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