Quién podía imaginar que aquel momento duraría tanto.
Segundos que parecieron horas, y ojalá se hubieran transformado en días, en meses...en años.
Lo único que podía hacer era recordarlo para siempre, ese pequeño instante.
Cuando ella le acarició por primera vez la mano, y su aterciopelada piel recorría el brazo arriba y abajo. Sentía el bello erizarse bajo esa caricia tan tierna. El calor de sus mejillas cuando sus labios la rozaron, y vio la sangre amontonarse dulcemente en ellas haciéndola sonrojarse muy despacio. Solo podía mirarla a los ojos, a aquellos ojos cálidos que expresaban solo sentimientos amables y buenos. Una mirada, una bonita mirada de sus ojos verdes, perfilada por aquellas pestañas oscuras. Sus ojos grandes iluminaban su rostro. Sus pecas manchaban ligeramente su cara, empezando por la nariz y difuminándose a ambos lados de su redonda faz. Bajó los ojos y contempló sus labios, muy finos, dibujando una coqueta sonrisa, casi imperceptible. Sabía que sonreía no porque su boca perfilara una ligera mueca de felicidad, sino porque sus ojos estallaban en ese sentimiento. Realmente sus ojos lo expresaban todo, le daban sentido a todo.
Dejó de tocar su brazo para dirigir la mano hacia su pelo, hacia sus perfectos tirabuzones que caían en cascada por su espalda y su pecho. Su largo cabello anaranjado resplandecía con la luz que iluminaba la habitación, lo que la hacía parecer aun más preciosa -si se podía-. Lo recorrió lentamente, un dedo por cada mechón que pasaba por su mano, desenvolviendo los rizos que volvían a recuperar su forma natural. Mientras, no podía parar de mirarla a los ojos. Esa complicidad que sentía con ella no la había sentido con ninguna otra chica. Encontrar a alguien tan especial le había resultado muy difícil, pero la espera había valido la pena.
Rozó su nariz con la de ella muy despacio, con calma y ternura, un pequeño toque. Y después bajó la cara para que ambos labios se acariciaran con suavidad. Sonrieron a la par bajo ese beso, con una sincronía que no se esperaban.
Ese primer beso hizo que el mundo se detuviera para Samantha, que no pudo evitar pensar en lo feliz que se sentía de haberla encontrado.
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