Hay tristeza en sus ojos. La miro
y allí está, contemplando el enorme ventanal totalmente callada. Veo que su
respiración forma un pequeño halo de vaho en el cristal. Está destrozada, lo sé.
Contempla a la gente pasear por la calle, las familias felices que llevan a sus
hijos a ver las luces de Navidad, el árbol decorado de la plaza…, las jóvenes
parejas agarradas de la mano celebrando su amor juntos en estas fechas, los
ancianos paseando con alegría bien abrigados protegiéndose del frío invierno
que les cae encima en forma de copos blancos de nieve. Y ella allí, no se lo
merece. Ella quiere salir y sin embargo no puede, o no quiere. Necesita sentir
a la gente, necesita sentir de nuevo la felicidad, pero la felicidad para ella
hace muchos años que se le escapó, y ya no la busca. Me entristece que se quede
allí quieta, mientras mira absorta de la realidad las caras de los
desconocidos, y sin embargo no les mira a ellos, no mira a nadie. En el fondo
sé que está pensando, en el hoy, en el mañana…en el ayer. Y yo no quiero eso
para ella, yo quiero que salga, que viva por ella, por mí. Que salga de la
habitación, que vuelva a buscar la felicidad y que la encuentre. Recuerdo
cuando ambos lo hacíamos. Recuerdo, como si ya fuera muy vago todo, su sonrisa
en la cara. Hace tiempo que no la veo sonreír. Que no veo a esa chica risueña.
Ahora solo existe la palidez de su cara, la conformidad, la tristeza en su
rostro. Ha perdido peso pero se la ve hinchada. Está tan sola allí en la
ventana, pero si la digo algo no me va a escuchar. Quiero que venga conmigo,
quiero abrazarla. Hace mucho que no la abrazo como antes, que no le beso la
mejilla. Está triste y no lo quiero para ella. La observo llorar
silenciosamente. Las tímidas lágrimas le brotan con cuidado de los ojos y le desbordan
para recorrerle la cara. Y los surcos que dejan… ya las lágrimas recorren
siempre el mismo camino de las veces que lo ha hecho. La quiero tanto que no
soporto verla así. Alargo los brazos para que venga conmigo, pero ella me
ignora, sigue mirando por la ventana. Creo que no quiere que la vea así, pero
ya lo hago, sé cuánto llora desde hace mucho tiempo. Bajo la cabeza al mismo
tiempo que los brazos. Quiero que me abrace, parece tan sola en la ventana. Parece que va a
girarse, y quiero mirar hacia otro lado para que no vea que la he estado
observando. Se vuelve hacia mí, pero su mirada me traspasa. Ahora la observo y
vuelvo a alargar los brazos y me sonríe. ¡Me está sonriendo! Es la primera vez
después de mucho tiempo. Me mira con ternura, le vuelvo a ver otro sentimiento
en el rostro que no es dolor y me alegro por ella. Muevo las manos para que
venga hacia mí, y entonces avanza decidida. Rompe a llorar, sus lágrimas caen
al suelo y viene corriendo hacia donde estoy yo y… no me ve. Me giro
sorprendido, buscándola por la habitación, y entonces la encuentro agarrada a
una foto de nosotros, echada en el suelo, rota de dolor, llorando a mares. Me
acerco a ella, y quiero tocarla, pero recuerdo…que ya no podré hacer eso nunca
más. Que la he perdido, que ahora soy solamente... La quiero tanto. Me quiere
tanto todavía. No puedo olvidarla, es mi alma. Deseo tanto abrazarla de nuevo.
Acariciarle el pelo, las mejillas. No me creo que haya pasado tanto y que
todavía me quiera tanto como yo a ella, no puedo verla así. Quiero que sonría,
pero no mirando mi foto, eso no. Quiero su felicidad entera, para ella, solo
para ella.

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