lunes, 2 de junio de 2014

El pensamiento de un recuerdo

Hay tristeza en sus ojos. La miro y allí está, contemplando el enorme ventanal totalmente callada. Veo que su respiración forma un pequeño halo de vaho en el cristal. Está destrozada, lo sé. Contempla a la gente pasear por la calle, las familias felices que llevan a sus hijos a ver las luces de Navidad, el árbol decorado de la plaza…, las jóvenes parejas agarradas de la mano celebrando su amor juntos en estas fechas, los ancianos paseando con alegría bien abrigados protegiéndose del frío invierno que les cae encima en forma de copos blancos de nieve. Y ella allí, no se lo merece. Ella quiere salir y sin embargo no puede, o no quiere. Necesita sentir a la gente, necesita sentir de nuevo la felicidad, pero la felicidad para ella hace muchos años que se le escapó, y ya no la busca. Me entristece que se quede allí quieta, mientras mira absorta de la realidad las caras de los desconocidos, y sin embargo no les mira a ellos, no mira a nadie. En el fondo sé que está pensando, en el hoy, en el mañana…en el ayer. Y yo no quiero eso para ella, yo quiero que salga, que viva por ella, por mí. Que salga de la habitación, que vuelva a buscar la felicidad y que la encuentre. Recuerdo cuando ambos lo hacíamos. Recuerdo, como si ya fuera muy vago todo, su sonrisa en la cara. Hace tiempo que no la veo sonreír. Que no veo a esa chica risueña. Ahora solo existe la palidez de su cara, la conformidad, la tristeza en su rostro. Ha perdido peso pero se la ve hinchada. Está tan sola allí en la ventana, pero si la digo algo no me va a escuchar. Quiero que venga conmigo, quiero abrazarla. Hace mucho que no la abrazo como antes, que no le beso la mejilla. Está triste y no lo quiero para ella. La observo llorar silenciosamente. Las tímidas lágrimas le brotan con cuidado de los ojos y le desbordan para recorrerle la cara. Y los surcos que dejan… ya las lágrimas recorren siempre el mismo camino de las veces que lo ha hecho. La quiero tanto que no soporto verla así. Alargo los brazos para que venga conmigo, pero ella me ignora, sigue mirando por la ventana. Creo que no quiere que la vea así, pero ya lo hago, sé cuánto llora desde hace mucho tiempo. Bajo la cabeza al mismo tiempo que los brazos. Quiero que me abrace, parece  tan sola en la ventana. Parece que va a girarse, y quiero mirar hacia otro lado para que no vea que la he estado observando. Se vuelve hacia mí, pero su mirada me traspasa. Ahora la observo y vuelvo a alargar los brazos y me sonríe. ¡Me está sonriendo! Es la primera vez después de mucho tiempo. Me mira con ternura, le vuelvo a ver otro sentimiento en el rostro que no es dolor y me alegro por ella. Muevo las manos para que venga hacia mí, y entonces avanza decidida. Rompe a llorar, sus lágrimas caen al suelo y viene corriendo hacia donde estoy yo y… no me ve. Me giro sorprendido, buscándola por la habitación, y entonces la encuentro agarrada a una foto de nosotros, echada en el suelo, rota de dolor, llorando a mares. Me acerco a ella, y quiero tocarla, pero recuerdo…que ya no podré hacer eso nunca más. Que la he perdido, que ahora soy solamente... La quiero tanto. Me quiere tanto todavía. No puedo olvidarla, es mi alma. Deseo tanto abrazarla de nuevo. Acariciarle el pelo, las mejillas. No me creo que haya pasado tanto y que todavía me quiera tanto como yo a ella, no puedo verla así. Quiero que sonría, pero no mirando mi foto, eso no. Quiero su felicidad entera, para ella, solo para ella. 


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