Los dos se quedaron hablando durante largas horas sentados en el sofá. Ambos con una copa de alcohol en la mano que en ocasiones dejaban reposar sobre los posavasos que había colocados en la mesa. La fiesta se había acabado hacía ya tiempo, pero los dos se encontraron muy a gusto charlando. Se habían conocido esa misma tarde, desde el momento en que ella entró en el salón de su casa, él se quedó mirándola hipnotizado por sus ojos, su pelo, su sonrisa...y sus curvas. Sus perfectas curvas, lo que haría él en ellas si le dejara. Entonces no lo dudó un solo segundo y se adelantó a todos los demás para ponerse a hablar con ella, quería ser el primero en hacerla reír con algún comentario, ver su ceño fruncido al contarle alguna anécdota de su vida pasada y ser el primero en verla sonrojarse tras decirla lo preciosa que era. Y así fue...
Allí estaban, riendo y hablando cómodamente. Las horas les parecieron minutos y los minutos segundos, y ninguno de los dos quería despedirse aquella noche, pero ya había llegado el momento de que ella se marchara.
Sin embargo, allí no quedó la cosa, y al día siguiente quedaron para hablar un poco más. Y al siguiente. Y al otro...Quedaron durante muchos días, y los dos querían seguir viéndose otro día más. Y así se les pasaron los meses.
Pero cuanto más hablaban más se les agotaban los temas, y las risas iban a menos, las anécdotas diarias disminuían, las expresiones de complicidad se transformaban en muecas de desinterés. Cuando estaban juntos los minutos se convertían en horas y las horas en días. Ella seguía siendo preciosa, pero no cuando estaba con él. Y él había dejado de hacerla reír, pero todavía era gracioso cuando ella se marchaba.
Y un año después, en una fiesta similar a la misma en la que se conocieron, ambos se quedaron los últimos, como aquella vez, pero ahora en un incómodo silencio. Esperando a que uno de los dos comenzara una conversación, pero ya no había palabras entre ellos, no fluían. Así que él se removió incómodo en su asiento y ella lo notó, y vio la señal clara. Se levantó del sofá tras dejar su copa de alcohol sobre el posavasos que había encima de la mesa y fue hacia la pared, se acercó al interruptor de la única luz que había encendida en la casa...y lo apagó.
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