domingo, 6 de marzo de 2016

A veces...

A veces...

Quiero estar contigo. Quiero que estemos tú y yo. Los dos solos.
Quiero que estemos en una habitación. Vacía o llena de trastos, da lo mismo.
Solo una petición a la habitación: que no tenga ventanas ni puertas.
Bueno otra: que sea blanca.
Quiero que estemos uno frente al otro. Mirándonos. Pero no cerca.
Quiero que haya distancia, cierta distancia.

Y, ahora, quiero que me mires. Que me veas.
Quiero que veas como lloro. Quiero que veas cuanto lo hago.
Quiero que me veas chillar y gritar de dolor. 
De inmenso dolor.
Quiero que me veas destrozar cosas de la habitación, 
si estuviese llena. Y si no lo está, 
quiero que me veas patear el suelo, y pegar a las paredes.
Quiero que veas como caigo, temblando, exhausta, 
con lágrimas todavía saliendo de mis ojos. 
Quiero que me veas acurrucada, indefensa.

Quiero que te sientas impotente,
y que no puedas acercarte a consolarme.

Quiero que veas como me siento cuando recuerdo... 
Que ahí se queda todo.

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