domingo, 11 de mayo de 2014

El columpio


-Y abrí la puerta muy poquito, sin hacer ruido, porque no quería que me regañaran por estar fuera de la cama tan tarde.
-Dime, ¿qué hacías tan tarde despierta?
-Escuchaba mucho ruido abajo y no me dejaba dormir. Estuve despierta mucho rato hasta que oí a alguien pasar por el pasillo.
-Y, entonces, te levantaste.
-Sí. Y abrí la puerta muy poquito para ver quién era.
-¿Y, quién era?
-Papá. Parecía que le dolía la cabeza, porque se la iba tocando mucho. Y también se movía raro, como cuando das vueltas en el columpio y te mareas y todo te da vueltas y andas raro. Papá parecía que se había montado en un columpio y había salido mareado.
-¿Qué pasó después? ¿Qué hiciste?
-Pues papá se estaba acercando a mi habitación y yo no quería que viera que estaba fuera de la cama, así que me fui corriendo a dormir.
-¿Te dormiste?
-No. Seguí despierta mucho rato más. Oí a papá chocarse con algo cuando se iba a su cama, y después ya nada.
-¿Qué ha pasado esta mañana cuando te has levantado?
-Pues he salido de mi habitación y he visto a papá en el suelo. Estaba durmiendo. Pienso que tuvo que dar muchas vueltas en el columpio para caerse mareado. Y me tumbé en el suelo, a su lado.

"La psicóloga se quitó las gafas con expresión cansada y se tocó los párpados con ambas manos tratando de aclararse las ideas. Estaba agotada de escuchar historias tan parecidas de niños tan distintos. Llevaba muchos años trabajando en aquel campo, ayudando a los niños, estudiando sus situaciones, a padres con problemas... pero todavía no comprendía cómo se podía descuidar tanto a los hijos. Cómo los vicios, que acababan convirtiéndose en problemas, podían ocupar una vida por completo y reemplazar, mejor dicho, apartar descaradamente a las personas más frágiles de la Tierra, los niños.
Volvió a colocarse las gafas para mirar a la niña que se encontraba sentada en el sillón orejero de cuero, frente a ella. Era tan inocente, se la veía tan indefensa allí sentada: las manos en el regazo, los pies colgando en el sillón porque todavía era demasiado pequeña...-me tumbé en el suelo, a su lado-, demasiado dulce."

-Prométeme que no vas a dar nunca tantas vueltas en un columpio como ha hecho tu papá.
-Te lo prometo porque, jopé, papá estaba en casa; pero, ¿y si a mi me pasa en el parque? No quiero ponerme mareada y dormir en el parque o en la calle.




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